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miércoles, 22 de abril de 2015

LAS GUERRAS MÉDICAS

Se conoce como Guerras Médicas a los enfrentamientos militares entre el Imperio Aqueménida de Persia y las polis del mundo griego entre el año 499 y el 449 a.C. A lo largo de estos años, se desarrollan tres guerras médicas, en las que el poderoso imperio persa ve frenado su imparable avance.
Las batallas de Maratón, Termópilas y Salamina son las más importantes de las Guerras Médicas.
Las polis griegas consiguen mantener su independencia, a excepción del algunas polis de Asia Menor

Entre el 499 y el 479 a. C. los persas intentaron conquistar las polis griegas. 
El Imperio Persa era un gran imperio situado en Oriente, que trató de expandirse hacia el oeste, hacia Grecia. No obstante, después de muchas dificultades, Atenas y otras polis derrotaron a los persas en Maratón, Salamina y Platea.

Todo comienza cuando en 499 a. C., Darío I, rey del imperio persa, decide expandir sus dominios hacia la Hélade. Al llegar a la región de Jonia, las polis griegas no se rinden y piden ayuda a la polis de Atenas que responde enviando parte de su flota.
Ante esta actitud el rey persa decide llevar un gran ejército contra Atenas en el año 490. Desembarca en Maratón donde es recibido por el ejército ateniense. Los persas eran 10 veces más numerosos pero el valor y la determinación de los griegos hizo que vencieran contra toda esperanza y consiguieran que los persas huyan en retirada.
Darío I juró venganza por esta afrenta y cuando murió, su hijo Jerjes, continuó con los intentos de conquistar las polis griegas. En 481 reunió un ejército como nunca antes se había visto en la tierra y se dirigió por mar y por tierra hacia la Hélade.
 

Un ejército formado por soldados de toda Grecia decidió resistir al ataque persa y no rendirse sin luchar. 
Un destacamento de 300 espartanos salió al encuentro de los persas en el desfiladero conocido como las Termópilas. El rey espartano Leónidas y 300 de los mejores hoplitas de su ciudad retuvieron en ese punto el tiempo necesario a los invasores para permitir que el ejercito griego se preparase en retaguardia.
A pesar de su heroica resistencia los 300 hoplitas fueron derrotados por los 250.000 persas que avanzaron hacia Atenas. Al llegar allí se encontraron con la ciudad vacía de forma que no pudieron matar a ningún ateniense. A cambio de ello redujeron la ciudad a cenizas destruyéndola completamente.
La batalla final se dio en las inmediaciones de la isla de Salamina donde la flota ateniense derrotó a la flota persa llevando la guerra de nuevo hacia el interior del Ática donde los persas fueron eliminados definitivamente en la batalla de Platea en 479 a. C.








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